El juicio de Paris y el soborno del alma

 

El mito del Juicio de Paris es una excelente metáfora para pensarnos desde nuestro rol como docentes, los conflictos en la educación, porque muestra cómo las decisiones pueden verse afectadas por intereses, emociones y consecuencias no previstas.

A. ¿Qué sobornos enfrentamos como docentes al evaluar un conflicto?

En el mito, Paris recibe promesas de Hera (poder), Atenea (sabiduría) y Afrodita (amor), lo que influye en su decisión, así mismo nos puede suceder como docentes, los “sobornos” no siempre son materiales, sino simbólicos:

ü Preferencias personales por ciertos estudiantes

ü Presión institucional o de directivos

ü Empatía excesiva con una de las partes

ü Deseo de evitar problemas o conflictos mayores

ü Expectativas previas (etiquetas sobre estudiantes)

 Por lo que como docentes debemos reconocer estas influencias para no actuar como Paris (decidir por conveniencia), sino con criterio ético y profesional justo para las partes.

B. ¿Cómo se construye la objetividad en medio de las pasiones?

El mito muestra que Paris decide desde el deseo, no desde la justicia. Como docentes, la objetividad no es “no sentir”, sino regular las emociones, es un ejercicio reflexivo, no actuar como Paris (impulso, conveniencia, interés)

ü Escuchar todas las versiones (principio de imparcialidad)

ü Basarse en normas previamente establecidas

ü Analizar hechos, no suposiciones

ü Promover el diálogo entre las partes

ü Tomar distancia emocional antes de decidir

 C. ¿Qué ocurre con los que no fueron elegidos en una negociación?

En el mito, las diosas no elegidas reaccionan con resentimiento, lo que desencadena el conflicto mayor: la Guerra de Troya, y en el contexto educativo son: Quienes no se sienten escuchados (Puede aparecer frustración, inconformidad o conflicto prolongado) lo que puede afectar la convivencia si no se gestionan esas emociones

Por eso, el docente no solo debe “decidir”, sino gestionar las consecuencias de la decisión:

El mito nos enseña que una decisión mal gestionada puede escalar un conflicto pequeño en uno mayor. Como docentes, el reto no es solo resolver conflictos, sino hacerlo con ética, conciencia y responsabilidad pedagógica.

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